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P.Llorente

El P. Llorente es un sacerdote jesuita que se fue de misiones a Alaska, muchos de los miembros de Akulurak leimos un libro suyo en el que cuenta sus experiencias con los esquimales, los pueblos a los que iba, lo que hacía...

Como por esas fechas en las que leimos el libro, estábamos buscando un nombre para la Asociación nos gustó mucho a todos el nombre de uno de los pueblos a los que el P. Llorente iba, así surgió el nombre de la Asociación.

Para que sepas un poquito más de este sacerdote, a continuación te contamos un pequeño relato, entre otros, de los que él mismo escribió en su libro.

Segundo Llorente, leonés de nacimiento, a sus 23 años se marchó a los Estados Unidos a completar sus estudios del Noviciado en la Compañía de Jesús. Allí pasó cuatro años. Fue ordenado sacerdote en 1935, a los 28 años. Inmediatamente salió para tierras de Alaska. Dios le había llamado a misionar aquellas tierras heladas. Fue misionero durante más de cuarenta años. El día 26 de Enero de 1989 falleció entre horribles dolores causados por un cáncer que arrastraba desde hacía varios años. Sin embargo murió con una sonrisa angelical, la misma que tuvo durante toda su vida. Era la manifestación inequívoca de la alegría que sentía viviendo siempre en la presencia de Dios.

El Padre Llorente, aunque no está todavía en los altares, debe estar en el cielo, muy cerca de nuestro Señor Jesucristo, de esto no tengo la menor duda. Amaba a Jesús con todo su corazón. Y a Él llevó por toda Alaska montado en su trineo, del que tiraban sus perros, sus queridos compañeros de viaje.

Este sacerdote de vida ejemplar basó su apostolado en una alianza con las inhóspitas tierras que le rodeaban. Esta alianza llegó a convertirse en un amor profundo por las gentes y la naturaleza de Alaska. El P. Llorente hizo de la Naturaleza un lugar de encuentro único y privilegiado con Dios. En ella se conjugaron el Evangelio, la confianza en la Providencia de amor y el amor por Ntra. Madre, con la fortaleza de un hombre enamorado de Cristo.

El fruto que recogió fue el cariño de todos los nativos de Alaska y el afianzamiento de la religión católica en aquellas tierras tan alejadas de su querida España. Su reconocimiento llegó hasta tal punto que resultó elegido como diputado del Congreso de los Estados Unidos representando al Estado de Alaska. No duró en el cargo más de un año. Renunció para realizar su único sueño: estar con su gente de Alaska. A ellos, a su gente, les llevaba el Evangelio. Les ayudaba en la pesca del salmón en le caudaloso río Yukón y en el curtido de pieles de oso blanco y focas. Contribuía también al cultivo de algunas legumbres. Organizaba el territorio, las labores sanitarias. Pero en lo que realmente era insustituible el Padre era en el cariño que profesaba a su familia de Alaska.

A la una de la tarde empiezan a llegar los penitentes. Yo me siento en el confesionario con la actitud resignada y humilde del cristiano que está a punto de ser echado a los leones en el circo. Unos se confiesan en inglés, otros en esquimal y otros los mezclan graciosamente. A las cinco, para decir la verdad, ya estoy cansado. A las seis lo estoy mucho más. Pero siguen viniendo, Dios les bendiga a todos.

A las siete hay un respiro y aprovecho para calentarme una lata de carne.

A las diez de la noche hay otro respiro para tenderme en la cama vestido cargado de sueño y de cansancio. Y por fin, a las doce de la noche empieza la misa entonando el Adeste Fideles. Al llegar el sermón les digo que, como estoy muy cansado voy a ser muy breve. Pero luego me doy cuenta que llevo predicando casi media hora. Es que el tema se lo merece: "la lección del pesebre". Todos escuchan sin pestañear, les digo: "¡Que bonito! Dad y se os dará. Mientras más le damos a Dios, más nos da Él. Al santo le da Dios en un minuto más que al no santo en un año."

Sigue la Misa y viene la Sagrada Comunión. Todos comulgan de rodillas, reconociendo en esta expresión el amor, respeto y fe hacia nuestro Dios. Son las dos de la mañana. Han salido todos y yo me he quedado solo en la Iglesia temblando de cansancio y de emoción, de devoción y amor al Divino Niño. ¡Qué consuelo ser CATÓLICOS! Tomo unas pasas con pan y café y me acuesto."